Quinielaczytasz strone nr 1215
-Bueno -murmuró Milady-, ¡ya tenemos al austero puritano mintiendo!
En cuanto al soldado, se contentó con sonreír.
-¡Diantre! poradnik Mi teniente -dijo-, no sois tan desgraciado por estar encargado de
semejantes comisiones, sobre todo si milord os autoriza a mirar gry komputerowe hasta en su cama.
Felton se ruborizó; en cualquier otra circunstancia hubiera reprendido al soldado
que se permitía semejante broma; pero su conciencia murmuraba demasiado alto
para que su boca osase hablar.
-Si llamo -dijo-, ven; igual que si alguien darmowe gry viene, llámame.
-Sí, mi teniente -dijo el soldado.
Felton entró en la habitación de Milady. Milady se levantó.
-¿Ya estáis aquî? totalizator sportowy -dijo ella.
-Os había prometido venir -dijo Felton- y he venido.
-Me habíais prometido otra cosa además.
-¿Qué? ¡Dios mío! -dijo el joven que, pese a su dominio sobre sí mismo, sentía sus
rodillas temblar y comenzar a brotar el sudor en su frente.
strona 1214wstecz strona 1216 dalej
Quiniela |